Tras la difusión de la revista "Constelación Haiku", comparto con vosotros algún Haiku de mi autoría:
El horizonte
es un verso infinito
e inalcanzable.

Hola chicas y chicos amantes de la poesía!!!
Hoy me desperté con ganas de compartir mi satisfacción y orgullo... y desde la cama les escribo a través de mi móvil.
Tengo el placer de presentar mi último trabajo, editado por la editorial juglar y enriquecido con el arte de una pintora de excepción (Hasbia M. Aomar ) cuyo nombre viaja de una exposición a otra y, presentado por Blanca Rosa Fernandez Moreno (maravilloso su prólogo) :)
La obra se titula "Mis versos, tu nombre", gira en torno a las emociones más fuertes que la vida nos regala (el amor y sus paradojas, la pérdida y el dolor, los recuerdos y el orgullo de conservarlos, el erotismo y las pulsiones, la fragilidad de ser "humano", y más escritos que considero profundos y enriquecedores) y está traducida a cinco idiomas (Español, inglés, francés, italiano y en alemán en una versión digital).
Os puedo asegurar que la realización y la edición impresa del libro ha supuesto un placer y un esfuerzo titánico que no alcanza ni se asoma al precio de 12 euros impuesto por la editorial (se mantuvo un precio contenido para presentar una obra atractiva tanto por su contenido como por su coste).
"Mis versos, tu nombre" está a la venta en:
http://editorialjuglar.com/producto/mis-versos-tu-nombre/
Podéis pedir una copia en papel y tendréis el envío gratuito en todo el territorio nacional. Para envíos al otro lado del charco (la editorial tiene varios contactos y colaboradores en América Latina) los precios son "muy mínimos". A qué esperar?
A continuación os presento una muestra del libro (con el poema más pequeño de la colección para exponerlo en sus respectivos idiomas):
Llega el invierno
Llega el invierno
con su abrigo frío
y los enamorados
sonrientes
se desnudan
para combatirlo.
Winter arrives
Winter arrives
with its cold coat
and the lovers
smiling
bare their bodies
to fight against it.
L’hiver arrive
L’hiver arrive
avec son froid manteau
et les amoureux
souriants
se dénudent
pour le combattre.
Arriva l’inverno
Arriva l’inverno
con il suo freddo cappotto
e gli innamorati
sorridendo
si spogliano
per combatterlo.
Gracias por leerme y feliz día...
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.
Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.
El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.
Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.
Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.
Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.
Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.
¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.
Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.
Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.
Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.
Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.
¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.
Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.
Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.
No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.
Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.
Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.
Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.