domingo, 24 de agosto de 2014

El cielo mágico de Tarifa


Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y, también, de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.” Era una noche de agosto cuando Josep por primera vez fue espectador de las perseidas, de una extraña pantalla gigante en cuatro dimensiones que le hacía sentir infinitamente pequeño, de una sensación melancólica y dulce a un tiempo. Para Josep las lágrimas de san Lorenzo transmitían un mensaje del cielo fundamental mientras jugaba a alcanzar los meteoritos antes de que se estrellasen sobre la tierra. El espectáculo de una luna extrañamente agigantada junto a la belleza del pueblo fronterizo de Tarifa, le regalaban la calma que necesitaba. Se había alejado de la instalación adaptada junto al puerto y necesitaba descansar con la soledad. El ruido del mar acarició sus sentidos en una velada con la naturaleza. La brisa ligera refrescó la imagen de un ajetreado y caluroso día, probablemente el mas difícil desde que estaba en el cuerpo de salvamento marítimo. No tardó en cerrar los ojos, aquel momento invitaba a soñar... Algunos fragmentos de aquellos instantes penetraron en su sueño, convirtiéndole en pesadilla. Tantos rostros demacrados por el hambre, tantas manos pidiendo ayuda... Pronto en su visión, la tierra se embebía de la aridez del hombre hasta brotar veneno desde sus entrañas; la caída de las estrellas eran dardos contra la maldad y la noche escondía una advertencia, un mensaje: una enfermedad próxima, un terrorífico escenario de muerte, la depresión económica, la confusión y el desconcierto iban a derrumbar todos los sistemas construidos. Entonces el manto estrellado se convertía en una pesada cortina de miedo que apesadumbraba la conciencia, ofuscando los sentidos y bloqueando la natural inclinación del hombre hacia el próximo. Josep sintió vértigo, verdadero peligro.
El día siguiente le despertó la marea acariciándole los pies. Un barco de papel amarillento estaba anclado a su derecha mientras a su lado un pequeño cangrejo vagabundeaba sin destino. Eran las 7,06 en punto mientras un avión reflectaba a la luz una publicación gigantesca: “Coca-Cola”.
Sin saber como interpretar aquella noche, Josep se fue preparando para un nuevo día: en las últimas 36 horas una avalancha de inmigrantes había superado las fronteras, 1300 personas hambrientas, algunos enfermos, mujeres y niños. Josep debía protegerlos, pero su tarea era tan grande, tan difícil, como abrazar aquel cielo imposible.
Moreno, deportista y mujeriego, siempre ofrecía al mundo la sonrisa mas amable, ocultando las imágenes de su niñez que a diario le llegaban desde el recuerdo. Su vida era la revancha y la lucha contrapuestas a un destino que le quitó el amor de sus padres en un accidente de barco. Su padre le salvó la vida a cambio de la suya. El rencor y la rabia en contra de unas existencias enredadas a lo injusto le impulsaban para continuar. Desamparado, era consciente de su tristeza aunque peleaba con todas sus fuerzas: agradecía a la vida todos los días que le había regalado su padre, la vida que él podía vivir. Sonreía siempre acallando la tristeza. El ejemplo de su progenitor fue lo esencial para la elección de su suerte, aquel 12 de agosto de 1982 en pocos momentos Josep se convirtió en hombre, aquel día supo su destino.
La única persona que le quedaba en el mundo era su abuelo, Martín. Aquel 12 de agosto no le acompañaba por estar en Madrid, en un meeting de su partido político. Era muy influyente pero no pudo nada contra la muerte de su hijo. Se encargó de su nieto aunque no pudo comprar el cariño que necesitaba, ni la cercanía que tanto anhelaba y que le regalaron sus padres. Martín no renunció a su carrera, perdiendo el amor infinito de un nieto que podía convertirse en hijo. Llegó a manejar y a controlar la escena política regional, controlando las empresas que terminaban siendo juguetes en sus manos, un teatro de títeres que le divertía manejar y le llenaba al mismo tiempo. Martín tenía una vida de excesos, al igual que el volumen de su cintura.
Las pateras y embarcaciones llenas de pobreza, dificultades y esperanza llegaban desde todas partes y a todos los destinos. Los números eran escalofriantes... Josep fue a buscar a Martín, no entendía como las autoridades podían permitir esto sin un protocolo de actuación a la altura de la emergencia.
  • Martín, que coño pasa, le dijo...
  • Habla con respeto, hijo. ¡Todavía soy tu abuelo!
  • No tengo tiempo para jugar, ¡dime que esta pasando!
  • ¿No lo ves? ¿Tengo que explicarte lo evidente?
  • Veras, soy lo suficientemente listo para observar que esta avalancha de gente no es normal. Llevo 11 años en este puto trabajo y se cuando ocurre algo. Aquí esta pasando algo y tu lo sabes bien. ¿Ademas porque no estas haciendo nada? Necesitamos mas infraestructura, mas personal, mas médicos, mas medicinas, ¿dónde coño está todo eso?
  • Cálmate Josep! Entiendo como te sientes, estamos haciendo todo lo posible.
  • ¡Y una mierda! Lo que haces es irte de cenas con gentuza esperando que llegue alguna secretaria ambiciosa para aprovecharte de ella... eso es lo que haces, nada. No haces nada... quiero saber qué está pasando.
La mirada de Martín se encorvó, perdió lucidez, sabía que no había tiempo que perder y que su nieto no era manejable como los demás. Su voz se apesadumbró quizá por la verdad de aquellas palabras o tal vez por la pasión que le movía por dentro: no fue capaz de ocultar la verdad al hijo de su hijo.
  • Escúchame atentamente Josep, coge tus cosas y lárgate. Antes que sea demasiado tarde. ¿Recuerdas la casa en los pirineos? Vete ahí, bájate al escondite que te enseñé aquella vez: marca la clave 12882 y entra en el sótano. Hay comida y provisiones para un mes. Tendrás un teléfono con cobertura mundial, radio de emergencia y todo lo necesario para estar en contacto con el planeta y conmigo. Estarás a salvo.
  • Pero qué coño estas diciendo... ¿que esta pasando?
  • ¿No lees los periódicos? ¿No ves las noticias?
  • Tiene que ver con el ébola, ¿verdad?
  • Si hijo, el gobierno me ha informado esta misma mañana que la situación esta fuera de control, el período de incubación del virus es mas lento de lo esperado y su propagación corre como la pólvora.
  • Pero si decían que estaba contenido y controlado... Esto quiere decir que las estadísticas oficiales no son reales. ¿Habéis amordazado a la prensa? Y las proyecciones... ¿Tenéis proyecciones?
  • Los expertos estiman que en el giro de un mes toda África tendrá el virus, si ya no lo tienen. Ahora son veinte millones. No hace falta decirte que probablemente la gente que estas salvando puede matarte.
  • Pero entonces hay que avisar a todos, hay que adoptar medidas de control, guantes, mascaras, trajes especiales. Hay que moverse. ¡Llama al ministerio de sanidad!
  • Es demasiado tarde Josep, me encantaría ayudar, créeme, pero desde el gobierno central no quieren crear alarma: saben que alertar creará el pánico. Hay que actuar con inteligencia.
  • Sí, claro. Y me dices de largarme, ¿no? Menudo plan de choque que tienes. ¡Cojonudo!
  • Estaba todo planeado, pero algo se torció.
  • Pero, que dices...
  • Sí, Josep. Los militares lo han usado como un arma biológica. Experimentos. Lo tenían todo comprado, comprobado y calculado. Los países amigos del complot iban a recibir armas y fuerza militar para luchar contra sus opositores en África. Todo iba como la seda hasta que sucedió lo imprevisto. El virus no actúa como esperábamos: morirá mas gente de la que hemos previsto.
  • Martín, si estas metido en esto me das asco. ¡Tu! ¿Como has podido hacer esto?
  • Por lo que sé, solo eran pruebas para perfeccionar el antídoto contra el ébola. Se acerca una guerra biológica y nuestros aliados no podían esperar años de investigación. Han descubierto el remedio a la enfermedad, pero había que recrear una emergencia para comprobarlo. Las farmacéuticas tendrán sus ganancias, nuestros aliados se verán fortalecidos, la sangría económica de nuestras empresas se verá resuelta. Los estados enemigos se verán doblemente amenazados... Además ¿no estas viendo como el sistema económico se va a la ruina? Es totalmente insostenible. Necesitamos países enteros que paguen nuestra deuda, que trabajen para nosotros. ¡Tenemos que esclavizarlos de nuevo! Tras nuestra ayuda, tras salvar la vida a estos muertos de hambres, verás como esos putos negros trabajarán para nosotros para pagarse la medicación. O su vida o la nuestra, Josep. Estas en guerra, ¡abre los ojos!
  • Nosotros... ¿nosotros quién? ¿Quiénes sois? ¿Quién eres tú? ¿Vas a dejar que pase esto? ¿Cómo puedes pensar así? ¿Cómo has podido permitir esto? Así va a morir muchísima gente, antes de que se salve el resto. No te reconozco. ¡Eres un hijo de puta!
  • No podemos permitirnos otra caída del sistema financiero. Necesitamos pagar nuestras deudas. No hay nada que hacer Josep, ¿lo entiendes?
  • ¡Me das asco! Donde esta todo ese poder que tienes, demuestra que eres la persona que siempre he conocido, sé de todas las veces que preguntabas por mi aunque estabas a miles de kilómetros. Sé que en el fondo tienes un ser noble dentro de ti. Por favor, abuelo, ¡no hagas esto! ¡Estas maldiciendo la memoria de tu hijo! ¡Tienes que ordenar un toque de queda y bloquear los transportes!
  • ¿Pero qué dices? ¿Te das cuentas de que veinte día de parón significa el desastre económico de la nación? ¡Esto es imposible!
  • ¿Vas a dejar que esos incompetentes del gobierno manden todo al carajo?
Josep había sobrestimado el poder de su abuelo. Nunca había imaginado que hubiese alcanzado esferas de influencias tan altas. Se tragó todo su orgullo como si fuese una oleada de “chapapote” vertida en el mar.
  • Por favor abuelo, ¡lo tendrás en la conciencia para toda tu puta vida!
  • Lo siento...
Tras unos segundos de silencio, una enorme bofetada golpeó la mejilla derecha de Martín que cayó al suelo de inmediato. Josep ni le miró cuando cerró su despacho con un portazo. Las distancias de aquel parentesco, nunca cercanas, habían logrado alejarse hasta la ruptura. Martín estaba desconsolado. No esperaba ni deseaba lo sucedido. Se renegaba a sí mismo, supo que lo único mas importante era Josep. Sus últimas palabras le movieron el alma.
Entretanto, Josep, caminaba sin rumbo: su esperanza de que el hombre pueda crear dicha a través de su entrega era una ilusión que se convirtió en pesadilla. Vivía ayudando los demás, salvar le salvaba, haciéndole sentir en paz con el mundo. Esas manos que pedían ayuda, su desilusión unida a la desesperación de aquellos moribundos, le regalaron por un momento la sensual llamada de la muerte, la que susurró a sus oídos. Quería huir de todo aquello, pensar le sofocaba, respirar el calor de aquella mañana frenética le privaba de lucidez. Su cara se cubrió de lágrimas mudas. El terror por lo ajeno se transformó en amor propio. Pensó en el peligro de aquellas instalaciones tarifeñas donde posiblemente había brotes de ébola. Dudó de su perfecta salud. Entonces pensó que el único antídoto a la muerte era el amor. Volvió a abandonarse a sus pensamientos de siempre, al amor que le salvó la vida. Debía de informar a toda la prensa, las redes sociales y al mundo entero de lo que sabía.
Su padre le sonrió antes de que se desmayara en el suelo. Poco después el agua tocaba sus pies inmóviles en la orilla de Tarifa. Un barco de papel amarillento estaba anclado a su derecha mientras a su lado un pequeño cangrejo vagabundeaba sin destino. Eran las 7,06 en punto mientras un avión reflectaba al sol una publicación gigantesca: “Coca-Cola”...
Despierto y sin saber el porque de lo ocurrido, Josep sabía que aún tenía tiempo para actuar. 






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lunes, 28 de julio de 2014

El cura


El cura

Las ruedas de unas maletas chirrían contra el suelo en un vial previo al aeropuerto donde convergen los caminos del ocio. Crecen los ruidos sofocados por las ansias de paz, se observan lejanas aglomeraciones de viajeros que se juntan y se dispersan continuamente. El calor no aplaca los intensos abrazos y los llantos sinceros, las amargas despedidas que para algunos saben a victoria.

Paolo Borsa es un sacerdote apesadumbrado por el pecado, crucificado por la vida y envilecido por el tiempo: tras una breve estancia en la casa de sus padres vuelve a su rutina de siempre. De físico corpulento y de piel oscura, frente arrugada y manos dichosas, Paolo conoce el peso de la renuncia y el valor de la elección. Es consciente de su función sanadora. Es "cura", pastor de personas manejadas por el pecado: cuida de los que se derrumban por manchar de rojo su alma, ese color que los tiñe de culpabilidad y que convierte su pena en deuda eterna. Con los años Paolo ha aprendido a erradicar el mal aunque su cuerpo maduro parece haberse manchado de ello. Su lucha contra la sombra es una esperanza de luz, su contrapeso a las injusticias le convierte curiosamente en un hombre justo. Tiene contrato con Dios de por vida y un billete para volver a su casa.
Ahora espera sentado para retirar su pasaje mientras recuerda imágenes pasadas: llega su turno y le invita al mostrador una voz suave, hermosa y seductora. Es una mirada angelical que le observa, la de una dama que le deja sin habla.

  • ¿Se siente bien? Le dice Mónica...
  • Si claro, perdone. Va todo bien.

    Tras unos instantes de abandono, Paolo vuelve a tomar las riendas de su voz.
  • ¿A donde va?
  • Roma...
  • Que bonita Roma... aun no la he visto.
  • Como es posible que una chica tan hermosa no haya visto una ciudad tan espléndida. ¡Esto hay que remediarlo!
Tras unas sonrisas juguetonas y miradas penetrantes los dos se dejan saludándose, aunque en la mente del sacerdote, por unos momentos falsamente rejuvenecida, nace una idea absurda y placentera a un tiempo.
Paolo conoce muy bien el valor de la palabra. Su vida se forjó con la fe pero los limites de su cuerpo no pueden contener su imaginación y deseo. Entonces Paolo la imagina caer en sus brazos: la besa, la desea, ella se hace cómplice de su sueño. Se ve con ella en el baño cercano, lejos de indiscreciones donde sigue tocándola hasta consumirla a besos, hasta que ella se apodere de su alma. Es una sensación casi real como si su conciencia fuese ofuscada por un diabólico albedrío...

    Mientras, con unos ojos impenetrables y piel brillante, la hermosa Mónica, de joven y modélica figura, empieza a sonreír consigo misma, consciente de que hasta los sacerdotes la desean. Sonríe y se deleita con su atractivo, complaciente de tanto poderío.

Después de varios años, el enemigo ataca de nuevo.

¡Jaque al rey! dice Paolo a si mismo. Bien sabe él sabe que la corrupción le espera en cada esquina, que la fe nos premia después de una vida de esfuerzos y que el pecado nos flagela en un solo momento, dejando el alma a solas con la voluntad. Entonces cada pecador se endeuda con su verdad, sus valores se corroen y deforman hasta moldear su nuevo yo en una crisis de identidad.

Tras unos minutos Paolo se encuentra sentado en el avión a la espera de despegar. De repente le llaman la atención unos tacones seguros y ritmados, y un perfume cada vez mas penetrante. El ruido de los pasajeros deja paso a un olor seductor y mensajero que cada vez mas agudo entra en sus sentidos. Sabe que es ella. Mónica pasa por su lado tocándole con sus curvas, se da la vuelta y le acecha con una mirada maligna.
Entonces Paolo lo ve todo, sus certidumbres son la visión del presente y la iluminación de los recuerdos. Recupera esa mirada en su memoria, la que años atrás le desafiaba en uno de sus trabajos, la que poseía una joven en uno de sus exorcismos. Aquella vez no pudo ganar al demonio, era demasiado joven e inexperto. Ahora Paolo da por perdido el espejismo de Mónica, ese (falso) amor que desde el comienzo parecía imposible. Vuelve a verla con tristeza, ternura y pena, consciente de que su poderío esta forjado en su debilidad, en una posesión diabólica. Y entonces la sigue en el pequeño pasillo del avión, observando como ricamente mueve las caderas. Sabe que ella se mueve por el, que el mal lo manipula todo con su táctica sutil y sensual. Aun así el poder de la carne y la belleza de esa mujer consigue que su corazón se acelere por la pasión y el deseo. Paolo siente bombear en sus entrañas un órgano que ya no parece ser el mismo, y entonces se abandona... la sigue, ella sabe lo que quiere, el ya lo espera. Recuerda sus creencias y no aparta la sensación placentera que esta viviendo. Intenta fundir ambas cosas en su cometido. Entra en el estrecho baño con ella percatándose de que nadie les haya visto entrar. No le da tiempo a cerrar la puerta que ya tiene a Mónica encima de el, devorándole la boca a besos... Para Paolo es la única vía. No aguanta la idea que esa mujer siga siendo poseída, no tiene suficientes herramientas para enfrentarse al mal. Y entonces se sacrifica por ella. Deja que el demonio le besa, que se apodere de el, que entre en su alma para abandonar la de Mónica...

Cuando el día siguiente empieza la misa en la Iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos en Roma, hay una atmósfera distinta en el aire. Jesús, inmortalizado en la cruz, parece mas decaído que de costumbre. Paolo ofrece una imagen aterradora y escandalosa al mismo tiempo. Entre los murmullos de los espectadores y la miradas aterradas de unas almas sensibles, Paolo yace inmóvil y sangrante bajo la obra de Guido Reni. Su expresión grave y su mirada sufrida no dejan duda en quien le mira: exhausto, Paolo pedía auxilio a su señor en los últimos instantes de su vida. Volver a ser justo le costó la vida: sabía que el deseo no es el peor de los pecados. La lujuria entre otras cosas es un placer pasajero que se esfuma: Paolo supo que el error mas grande era embargar su propia vida a ello. Entonces decidió acabar con la lucha, rendirse a la fatalidad, a una fuerza infrahumana, a un combate ya perdido en sus albores. Luchó contra si mismo hasta perder todas sus fuerzas. Terminó perdiendo contra el mal.

Aquella misma mañana, Mónica saliendo del trabajo inesperadamente mas ligera y frágil que nunca, sintió la necesidad de confesarse. Ahora se sentía totalmente libre y agradecida por el sacrificio de aquel desconocido. Días mas tardes entendió que a su manera Paolo ganó su batalla. La liberó, le demostró amor. Lo supo mientras le brotaban lúcidas lágrimas. El cura a su vez logró cumplir su misión y deseo: estar al lado de Jesús.





( Guido Reni, altar mayor de la Iglesia de la Santísima Trinidad de los Peregrinos en Roma)



Me podéis encontrar en: 










lunes, 21 de abril de 2014

SER Y NO SER en radio 3 > http://www.rtve.es/radio/radio3/extra-fantastica/





Ser y no ser



Amar(se) es el sueño
que se agarra al alma,
una locura incondicional,
una palabra de futuro.


Evadirse es reinventarse en una celda
y liberarse al silencio.


Tu luz me ciega,
tu sombra me enciende.
Ando en compañía, de ti,
pisando soledades.


Escalo la pared escurridiza del sentimiento:
cada suspiro, cada paso, exhala tu historia.


Helado en mis adentros,
apago el fuego de tu cuerpo
con las lágrimas de tu abandono.


Mis labios resecos, deshidratados,
agonizan como agua evaporada
en la aridez de tu desierto.


Las mariposas de mi vientre se traspasan a tu vacío...
se van sobrevolando los charcos de tu olvido.


Me encierro en una cárcel,
la de un amor profundo,
espacio entumecido que me devuelve tu presencia.


Mi alma se recompone,
de nuevo me capturas
enredándome con tu vida.


¡Vuelves a mi, amor! 
Finalmente me liberas...



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sábado, 22 de febrero de 2014

Amor o espejismo



Mi vida es un semblante de luz
observando los cristales
que impenetrables te reflejan.

El día llega luminoso
y me regala tu disfraz y mascara:
hoy eres madre, 
mañana niña,
ayer una esplendida amante.

Nos queremos con la armadura puesta,
como espejos de luz mascarada.
¿tal vez el abismo de la sombra
descubrirá la desnudez del alma?

Telaraña de preguntas,
Insomnes pensamientos,
Tal vez la vida al alba
nos dará la claridad.

Tal vez la realidad 
en ti al revés reflejada
es un sueño para mi mal concebido:
¡quiero que llueva!

Con los cristales mojados
(y yo empapado de vida)
Sabré lo que realmente somos.


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sábado, 18 de enero de 2014

Verte, tocarte, amarte.


Verte, tocarte, amarte

Mi felicidad es el reflejo de tu sonrisa.
Dibujo y construyo una historia tuya día a día;
cuentos de hadas inventados cada vez mas precisos,
voy a hacerle caso omiso a mi memoria vacía.

Soy aún mejor inventando nuevas sensaciones,
como un gran pintor dibujo colores y emociones.
Te imagino juguetona con mi alma deseosa,
dándote vida por una mirada milagrosa.

Creo comedias con tus voces, observo tus gestos,
te veo e imagino como actriz a cada momento,
observo y creo las líneas de tus múltiples rostros
regalándome soplos de recuerdos... ¡Pero miento!

¡Ya no vives! Creo una existencia que ya no existe!
ya no estás conmigo acompañándome, ya te fuiste!
¡Ya entiendo! Lo que de mi se apodera estos momentos
son quimeras, ¡alucinaciones!, son solo inventos.

Pero vuelvo contigo, con tus miradas, ¡tus gestos!,
dibujando las líneas de tus múltiples rostros
y trazando tu cara sueño endulzarme la vida
escapando de una existencia vil y podrida.

Porque sin mis caprichos queridos y mis historias...
...y con mi soledad ya no tendría paz ni gloria,
lejos de una memoria que no quiere cancelarte.
...Y sigo con mi capricho: verte, tocarte amarte...


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martes, 14 de enero de 2014

“Giuseppe”

“Giuseppe”

Me llega la oleada de tu recuerdo:
un marinero desanclándose de sus raíces profundas,
un navegante que se fue buscando otros horizontes.
Recuerdo las grietas de tu piel al regalarme tu sonrisa,
tus redondas arrugas octogenarias,
el calor de tus palabras, la cercanía de tu mirada.
Tenías una madura sabiduría
junto a la sencillez de un niño...
ingredientes que fueron valiosos para tu vivir,
enseñanzas y fundamentos para mi sentir.
Brújula de mis cuentos olvidados,
de semblante curvo y de ánimo bueno,
debo a ti mi dichosa infancia y juventud serena.
Pilar familiar,
fuiste el ancla de salvación de mis pesares:
tu como yo viajero por el mundo
me regalaste el secreto del quieto vivir.
Tus historietas eran únicas:
momentos tristes, briosos, de gente lejana...
Contabas anécdotas, experiencias vividas,
cuentos peculiares que llegué a grabar.
Ahora los atesoro al igual que tu vivo recuerdo:
limpio, natural, sincero.
Admiraba tu virtud máxima:
la de tu infinita paciencia.
Me indicaste senderos de quietud:
muchos días mi alma temblaba de frio
y tu corazón se convirtió en mi abrigo.
Te quedaste sin visión
por una enfermedad mal cuidada,
pero aún leías la realidad.
El calendario de tus días, imparable,
agotó sus paginas:
llegaste a tu fin
con dignidad de combatiente,
te dormiste para siempre
mientras el cielo se llevaba tu áurea
convirtiéndola en luz.
El tiempo avanza lenta
e insobornable
pero nunca te ocultarás bajo mi horizonte:
eras mi "abuelito"
y lo seguirás siendo siempre.


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sábado, 11 de enero de 2014

Soy cronista de tu silencio



Alejada la esperanza,
perdido el suspiro,
enciendo una vela,
en el silencio sagrado.


La llama consume tu olor.
Pasan los minutos,  las horas,

pierdo el aroma de tu memoria.

Huidiza, inalcanzable, 
ensimismada en sus secretos, 
tu belleza atípica se escurre: 
lentamente me abandonas.


Y yo poeta moribundo 
observo como te consumes 
en el fuego que te apaga.


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jueves, 2 de enero de 2014

Cena


Cena


Nos vamos de cena:
reservo una mesa
en un restaurante tranquilo, romántico.


Nos servimos miradas,
como entrante compartimos el mismo plato,
un cruce de sensaciones tiernas, cálidas, sinceras.


Es increíble comprobar la inutilidad de las palabras:
gesticula tu rostro como iluminándose
entre el revés de sus muecas,
un corte de risas y sus deliciosas sonrisas.
La cena promete ser exquisita...


Te veo comer el primer bocado
y mi apetito se dispara
lamiéndose entre tus sabrosos labios rojos...
Tu compañía es muy linda,
tergiverso tus palabras entre un no se y mi te quiero,
me embebo de la elegancia de tus gestos...
estas hambrienta...


Tu ropa es impecable
aunque tiene la culpa de cubrirte,
me pierdo en tu observar (me) distraído
y me confundo entre los colores del ambiente,
la esencia de tu pelo y el vino tinto traicionero.


Tus pupilas me seducen,
invitándome a una huida que sabe a victoria,
a escaparnos de un lugar formal
para forjar nuestros deseos a sinfonías para amantes.
Pero es nuestra noche y cada cosa tendrá su momento.
Seguimos sentados comiéndonos el amor.


El segundo plato es un gustazo: un orgasmo para el paladar,
tu voz es armonía para mis oídos:
nos servimos pescado con guarnición de palabras...


Imagino escrutar entre tus curvas,
mientras me concentro en la comida:
comerte, besarte, acariciarte
sería engañar los relojes del tiempo,
concentrándome en tus bragas
y quitar(te) ese ornamento que me separa del postre...


Entonces, mi punto de partida pasa a ser pedir la cuenta
y buscar tu punto de no retorno:
el color de la noche se tiñe de rojo,
como tu pelo,
como el fuego de tu sangre que late.


Lo que se refleja en tu pálida piel rosa
son mis ganas que bombean en tus latidos.
Tu corazón es el compás que me guía
entre los laberintos de mis deseos,
los de terminar follando (me) la noche.
No pedimos dulce, mi postre eres tú. 



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