Alejada la esperanza,
perdido el suspiro,
enciendo una vela,
en el silencio sagrado.
La llama consume tu olor.
Pasan los minutos, las horas,
pierdo el aroma de tu memoria.
Huidiza, inalcanzable,
ensimismada en sus secretos,
tu belleza atípica se escurre:
lentamente me abandonas.
Y yo poeta moribundo
observo como te consumes
en el fuego que te apaga.
Me podéis encontrar en:

