El olvido es un hilo de esperanza
lentamente desecho por el tiempo,
la llama de tu memoria disminuye
consumiéndose por la distancia que nos separa.
Tu voz lejana ya es un susurro
y lentamente se apaga.
Cierro los ojos,
te imagino... ¡inútil intento!
Mi corazón esta hueco:
te persigo (ansiosamente) con la luz
imponente del día lleno,
pero nada puede desvelar tu demora.
Me cobijo en la sombra
pensando en el destino y sus trabas:
¡indeformable!,
pienso en la vida y sus por qués indescifrables:
una encrucijada de preguntas
que impulsan el tedio de mis días.
Fuera de desvelarme la verdad,
mi poesía es un brotar (irrefrenable y estoico)
de tristeza y soledad.
Cuando llegue aquel instante (tiempo permitido)
donde todo es calma,
donde todo calla
y cuando en ese mismo destino
desvanezca mi luz...
espero que me recuerdes.
(En recuerdo de las victimas del 11 de marzo)
