Pesadas gotas de lluvia
anhelan mezclarse con el agua,
a sus iguales borrosas
ante la inmensidad del mar.
Valencia g o t e a,
empapada del perfume de azahares,
húmeda de aires y de primavera.
Llegan estas imágenes a mis retinas
mientras cierro mis parpados ojerosos.
Ecos del ocaso
en la playa de la Malvarrosa
se engendran en mis pupilas.
Ecos de brisas dulces y armoniosas,
de paisajes divinos,
de un gentío ávido de la dulzura
de un mar cálido y quieto;
de aires perdidos
en el manantial de mis recuerdos.
Entonces me abrías la boca
con la tuya y apagabas mi sed.
Ahora borracho de luz
y de tu miel,
apabullado por el reflejo de tus enredos,
bostezo y vuelvo a la cama
fantaseando mejores sueños.
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