Ofrezco
mi sombra,
unas
pinceladas de mi sangre
(vertido
en tinta negra)
y
los paisajes de mi vida envueltos entre tinieblas.
Ofrezco
mi cáliz,
la
maraña de mi pelo entre los dedos de tus ojos,
las
damas ya no tienen quien escriba.
Mi
esencia, regenerada en el tintero,
se
vierte en el cofre de la vida
enredándose
con versos.
Me
desnudo con la pluma,
me
cubro con mi sombra...
Un
viento acaricia mis dedos,
mi cuerpo
se doblega hacia el
tiempo,
susurro a la nada que golpea mis manos.
Y
entonces resurge la escritura mientras las miro:
las
musas son las dueñas que me escriben,
su
historia discurre en el papel,
el
pasado se desenreda en mi pelo.
mi cuerpo
se doblega hacia el tiempo,
susurro a la nada que golpea mis manos.

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